Mallos de Riglos

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El poder de un capricho de la naturaleza

Descubrir paisajes impresionantes es una de las mejores cosas que nos puede pasar al viajar en autocaravana. La naturaleza es tan caprichosa que tiene un elevado punto de creatividad. Uno de esos paisajes que nos deja con la boca abierta son los Mallos de Riglos, en Huesca.

Paredes verticales que llegan hasta los 300 metros de altura, justo al lado del pueblo y pegados al río Gállego. Estas impresionantes rocas calizas se formaron en el Terciario y siglo tras siglo la acción del agua, la lluvia y el viento dejaron estas fantasmagóricas siluetas.

El momento más bonito para llegar y verlas es el atardecer. La erosión ha dejado a la vista el hierro y la arcilla del interior de las rocas, y ese color rojizo se ve intensificado con los últimos rayos del sol. Por supuesto que el lugar es un santuario para los escaladores y los amantes de las experiencias outdoor. Además, para los que les gusta viajar en autocaravana, hay un aparcamiento donde pernoctar justo a los pies de los Mallos.

Riglos

El pueblo de Riglos es un pequeño municipio que nace a los pies de los Mallos y que pertenece al municipio de Las Peñas de Riglos, donde, además de estos magníficos Mallos podemos encontrar otros tesoros oscenses entre sus riscos.

Para el que le guste la escalada, los Mallos es el lugar perfecto. Aunque su primera escalada fue en 1935, desde los años 70 son un punto de referencia entre los escaladores. Los Mallos se dividen en tres grupos, los mallos grandes, los mallos pequeños y los Fils. Hay empresas que organizan jornadas de aventura para escaladores con escaladas guiadas. Ver desde estas paredes las aguas turquesas del río Gállego o ver pasar un buitre a nuestra altura surcando el cielo es una experiencia única.

Las familias aficionadas al autocaravaning también tienen sus opciones. También, y para los que buscan una actividad algo más tranquila, hay varias rutas de senderismo que salen de los Mallos y completan una ruta circular con un nombre de lo más evocador, “el camino del cielo”.

El sendero empieza en la localidad de Riglos y durante todo el camino se pueden ver decenas de escaladores colgados por todas las paredes de los Mallos. Cada cierto tiempo hay miradores naturales en los que poder parar y hacer un descanso, porque en algunos tramos del camino hay alguna cuesta que otra.

El Mirador del Ventuso es el punto más alto y las vistas son una pasada. Un lugar perfecto para reponer fuerzas y comenzar el descenso. La bajada es suave y se hace rápido. Y enseguida se llega a la recoleta iglesia románica de Riglos. Las aguas del río Gállego también son un espectáculo con su color esmeralda.

Los otros tesoros que encontramos en los alrededores están a pocos kilómetros y merece la pena coger nuestro vehículo o una bicicleta para acercarse.

Uno de ellos es uno de los castillos más bonitos de España, el Castillo de Loarre. Su silueta entre riscos domina toda la llanura que la rodea. Por menos de 4 euros se puede visitar y recorrer todos los rincones y recovecos. También organizan visitas guiadas a diario en las que nos explican la historia del castillo.
El otro punto de interés alrededor de los Mallos es el Embalse de la Peña. Es una de las presas más antiguas de España, data de 1913. La fuerte caída del agua entre las paredes arcillosas y el verde de los árboles es digno de pararse un buen rato y dedicarse a la contemplación. Disfrutar de estos escenarios es una experiencia que se recuerda.

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